La historia del rey pato

martes, 20 de marzo de 2018

Dancing Demons.

Hay veces que los demonios de tu corazón se unen. Y juntos, en una sádica danza llena de ira, miedo, odio y del más punzante dolor, destrozan tu ya maltrecha alma hasta que quede irreconocible. 


Pero al final da igual, no viven en el mundo físico. Dentro de la mente puedes hacer todo lo que quieras porque no es real. Y así pues, ellos tampoco lo son. Pero oh... amigos, os olvidais de una cosa muy importante. El dolor tampoco es real. Meros impulsos eléctricos mandados por tu red neuronal con fines útiles tales como alejarte del peligro o pedirte ayuda. Y aún así la sensación que provoca es terriblemente real. 

Estos demonios, amigo, son increíbles maestros de la tortura. Nacidos en tu propia mente para acabar lentamente con ella misma, como parásitos que se apoderan de su huésped hasta consumirlo por completo. Y tú, tú querido amigo, no podrás hacer nada por evitarlo. Porque por más que insistas no se puede huir de uno mismo.

Tú eres ellos y ellos son tú mismo. Tú eres tus demonios pues tú los creaste, pero ellos son y serán los dueños de tu vida desde el momento de su nacimiento. Podrás creer que tienes el control, podrás ignorar su existencia, podrás creer que eres más que ellos. Pero cuando te relajes, cuando te creas vencedor, volverán. Porque nunca se han ido, porque nunca ganaste, y nunca lo harás.

Hay veces que ya no puedes más. Te rindes ante ellos. Y yo debería estar escribiendo esto para decirte que no lo hagas y que hay una salida. Pero amigo lector, yo también he perdido esta guerra. Yo también he caído derrotado ante mis demonios. Y no, no conozco la salida por más que haya buscado.


Porque cuando creas que eres libre ahí estarán. Para recordarte una vez más, que tú eres ellos. Y juntos bailareis esa sádica danza de dolor una vez más.


Imagen relacionada
imagen de: goodoleboy

lunes, 5 de junio de 2017

Y colorín colorado...

Aquella vez había sido diferente. Algo había cambiado. 
Un fuerte sentimiento despertó en mi interior, y me hizo comprender que no todo estaba perdido, que aún quedaba esperanza. Que todo lo que había sufrido hasta entonces había sido por algo. Porque el destino me deparaba el mayor regalo que podría haber recibido jamás.
Él.

Y así fue como la pequeña niñita de la capucha roja descubrió que se había enamorado de su lobo.



-Häelyn

lunes, 29 de mayo de 2017

El Rey Pato - Preguntas. (3/6)

Me desperté increíblemente aturdido. Hacía frío, recuerdo. La humedad del ambiente se colaba por mis huesos y sentía hambre...

Esto es muy extraño, ¿no se suponía que estaba soñando? ¿por qué no había despertado aún? Me incorporé como pude con intención de inspeccionar el lugar. Todo estaba muy oscuro. No había más fuente de luz que la que se colaba por las rendijas de una pequeña ventana en la parte más alta de una de las paredes de la celda. La puerta, era de barrotes como los de la verja del exterior, pero más comidos por los efectos de la humedad, el óxido y la falta de cuidados. 

De pronto, se encendió la luz titilante de una vela por el pasillo. El tambaleo de esta, dibujaba divertidas sombras que por un segundo me sacaron una pequeña sonrisa. —Vale sí, estoy atrapado en una celda con frío y hambre. Pero en realidad todo es un sueño lúcido, entenderéis mi falta de preocupación.— El portador de la luz apareció. Tenía unos enormes ojos amarillos, un semblante increíblemente serio a la vez que impasible. Como el de quien ha vivido infinidad de cosas. Medía algo más de medio metro, y tenía un hermoso plumaje de motas negras y marrones combinado con un elegante pecho blanco. Era hasta ahora el ser más grande que había visto en este pequeño y onírico mundo. Era un precioso e imponente búho real.

— Buenos días, visitante de lejanos mundos. Permítame acompañarle, pues el Rey solicita una audiencia con usted ahora mismo.— dijo muy educadamente el búho mientras abría la puerta de mi celda con el ala.

— ¿Con «Rey» te refieres a ese condenado pato malhumorado? ¿El ha ordenado esto?

— Tenga cuidado cuando se refiera a su majestad. Puede parecer pequeño y gruñón, pero es el ser más sabio y bondadoso que jamás haya conocido esta tierra. Tendrá motivos de peso para hacer lo que hace.— dijo mi carcelero con impasible semblante.

Sin decir nada más, sencillamente accedí y empecé a caminar junto al búho por los pasillos de aquel oscuro lugar. Por lo que me iba contando mi buen acompañante, se trataba de un antiguo castillo creado para que las aves del reino combatieran contra los invasores del pasado. Resulta que en este curioso mundo de mi subconsciente se habían librado grandes guerras entre facciones de animales. Las aves contra los reptiles, los reptiles contra los roedores, y ahora, por lo que el búho me contaba, parece ser que había tensión entre los roedores y las aves. Toda una batalla campal de múltiples frentes.

El "castillo", por su parte, era muy interesante. Tenía gruesos muros de piedra, y enormes ventanas con rejas por las que cabía perfectamente una persona de tamaño medio. Pero lo más interesante, es que no había puertas al exterior. Mientras me preguntaba quiénes y cómo habían hecho este edificio, el búho abrió con su pijo una trampilla en el techo, me mandó subir por ella, y ahí, en lo alto de esa mole de roca, se encontraba un el ave más grande que jamás halla visto.
Aquel ser era increíblemente grande. Medía dos metros y tendría unos cinco o seis de envergadura. A pesar de su plumaje azabache, la cabeza lucía al descubierto y en lo alto de esta, se alzaba una cresta grisácea.—¿No surgían los sueños a través de nuestros recuerdos y sensaciones del mundo real? ¿He imaginado desde cero a este enorme bicho?—. Aquel ser alado se giró. Y a pesar de que los rasgos de su cara presentaban una avanzada edad, con asombrosa elegancia extendió sus descomunales alas para luego hacer el gesto de lo que parecía una reverencia.

Yo estaba estupefacto ante tal escena. Mis ojos, sencillamente, no terminaban de creer lo que estaban viendo. De pronto, los ojos del enorme pájaro se clavaron en mi.

— Muy buenos días, visitante de lejanos mundos.— dijo sin mover en ningún momento el pico.— Y buenos días a usted también, señor Bubo.— mientras cambiaba a una mirada más cómplice.

— ¡Por las plumas de mi abuelo, qué humillación! —el aparentemente impasible semblante del señor Bubo se transformó en una mueca que mezclaba sorpresa y vergüenza.— John, disculpe mi falta de modales, por favor. Mi nombre es Bubo, soy el Mayordomo Mayor del Rey Pato. Él es mi gran amigo Vultur. Su estirpe es descendiente directa de nuestros más venerados ancestros, los Gryphus.

Mientras, con el ala, Bubo hacía un ademán para que me acercara a aquel enorme pájaro. Yo le seguí sin darme cuenta pero no dejaba de mirar a Vultur. Su sola presencia, hacía que me recorriera un extraño e indescriptible sentimiento a lo largo de toda la espina dorsal. No obstante, no había miedo.

— Vultur antaño fue un fiero guerrero. Ahora está a cargo del transporte de aquellos sin la capacidad de volar. Fue quien te trajo hasta aquí cuando esas descerebradas palomas soldado te dejaron inconsciente en los límites del reino. La cresta de su cabeza es su método para comunicarse. Telepatía, ya sabes. Lleva sirviendo a este reino más que cualquier otro ave aquí.— continuó diciendo Bubo.

— Es cierto, soy viejo. Pero eso no me impide cumplir con mi trabajo. Prometí servir al reino hasta que mis plumas se marchiten. Y aún falta mucho para ello. Ahora, John, sube a mi lomo. Tengo entendido que su majestad tiene muchas preguntas que hacerle, y no conviene hacerle esperar. —me dijo mientras se agachaba para permitirme montar en él.

— ¿Cómo... cómo sabéis mi nombre? — conseguí articular después del reciente bombardeo de información.— ¿Y por qué parecéis tan amables, si me habéis encerrado en una celda? No tiene sentido, ¡nada de aquí lo tiene!. Maldita sea, se suponía que era un sueño. Y jamás soñaría nada igual. ¡Parecéis reales, pero sois pájaros parlantes, no podéis ser reales! ¿Qué está sucediendo?

— Entiendo... Le aseguro que después de hablar con nuestro rey lo verá todo con mucha más claridad. Ahora, por favor, súbase a mi lomo. Pronto hallará respuestas a todas sus preguntas.



~Continuará.

martes, 2 de mayo de 2017

El Rey Pato - ¡Un espía! (2/6)

No entendía muy bien lo que estaba pasando. Supuse que el sueño con el pato había sido producto del contacto de mi piel con las plumas mientras dormía. Era lo lógico, al fin y al cabo. No obstante, todo se me hacía muy extraño. Era demasiado real y eso me inquietaba. Además, ¿cómo había terminado durmiendo lleno de plumas aquella noche?

Fueron pasando las horas del día siguiente, y la imagen de aquel curioso pato de mis sueños no se me iba de la cabeza. ¡Y no tenía sentido! Cielos, no es más que un sueño tonto... me decía una vez tras otra. Pero irónicamente, cuanto más me lo repetía, más se acrecentaba la loca idea de que lo sucedido aquella noche había sido completamente real.

Hasta que cayó de nuevo la noche. Esa vez me aseguré concienzudamente de que no había objetos extraños bajo las sábanas. Estaba fresco y lúcido. Según mis cálculos, era imposible que soñara con nada, pero solo para asegurarme por completo, me tumbé en la cama y me dispuse a leer La isla del tesoro con la intención de no pensar en nada parecido a patos que hablan o reinos de praderas rojas.

...

Pero ¡iluso de mí!
Nada más caer dormido, como si de un cambio de escena de película de serie B se tratara... ¡ahí estaba yo! En el mismo césped rojo, con la única diferencia de que ahora me encontraba al otro lado del enrejado contra el que había sido enviado por aquel pato. ¿Y como sabía eso? podría preguntarse alguno de vosotros. Por el condenado rastro de plumas que había dejado el pato tras el aleteo que me hizo saltar por los aires, cómo no.

Esto sobrepasaba los límites de mi imaginación, estaba claro. Pero decidí aprovechar el aparentemente sueño lúcido en el que me encontraba para explorar los rincones de mi mente. Así con ello, busqué la forma de entrar en aquellos misteriosos terrenos. ¿Sería por una puerta? bueno, el rey es un pato, así que vuela. ¿Necesitarán puertas entonces? ¿Hay más seres inteligentes?

Un movimiento entre los arbustos que se localizaban junto a las verjas del terreno del rey pato interrumpió mis pensamientos y me hizo dar un pequeño saltito hacia atrás. No obstante, estaba soñando. No tenía nada por lo que temer. Así que, despacio y con mucho cuidado, empecé a acercarme hacia el foco del ruido. Cuando mi cabeza se encontraba ya a pocos centímetros de los arbustos, pude escuchar lo que deduje que eran una especie de murmullos completamente ininteligibles. Acerqué entonces un poco más el oído hasta el punto en que las ramitas y hojas acariciaron el lóbulo de mi oreja. Y de pronto, como un rayo, saltó de entre las hojas un precioso conejo blanco con un vestido de estampado azul y flores amarillas. El adorable roedor me miró con cierta confusión. Formuló unas palabras a modo de pregunta que no comprendí. Tras unos segundos de silencio, volvió a articular algo y se marchó corriendo al no encontrar respuesta. Lejos de la verja del rey pato.

Perplejo ante lo ocurrido, me quedé petrificado allí mismo, mirando hacia la dirección en la que había seguido el curioso conejo. Entonces, un bullicio proveniente del interior de los dominios del rey pato me hizo reaccionar. No me dio tiempo siquiera a girarme cuando toda una bandada de palomas vestidas con cascos del color del latón y armaduras plateadas ceñidas a sus plumas se abalanzaron sobre mí con tremenda energía, suficiente para derribarme y hacer que me golpeara la cabeza con una roca que había en el camino.

Todo comenzaba a oscurecerse a mi alrededor. Debió ser un golpe fuerte, pensé. Y mientras tanto, las agresivas palomas seguían armando alboroto. —¡Le tenemos, tenemos al espía!— gritaban al unísono. Finalmente, todo se apagó. Pero esta vez, no hubo un despertar en mi cama...

Continuará.

viernes, 14 de abril de 2017

El Rey Pato - El mundo entre los sueños (1/6)

Era viernes noche, y había bebido demasiado. Decidí, pues, irme por mi propia cuenta a casa. La noche había ido bien, sí. Pero un caballero debe saber cuándo retirarse si quiere salvar su honor.
Alcancé mi cama y la abrazé como se abrazan dos viejos amigos tras muchos años sin verse. Aún viajaban por mi torrente sanguíneo aquellos chupitos de vodka que tomé de más, así que probablemente no necesité demasiado tiempo para caer en un profundo sueño.

Y quíen iba a pensar que el caprichoso Morpheo decidiría aquella precisa noche, llevarme al viaje onírico que recordaría por el resto de mis días.

...

— Eh tú. Eh, te has dormido en mi jardín. ¡EH DESPIERTA! — dijo una aguda voz.

Abrí los ojos con dificultad, como si hubiera llevado una eternidad con ellos cerrados. Una suave brisa acariciaba mi pelo, hacíendome cosquillas en el cuello. La alfombra sobre la que yacía parecía césped, casi se sentía como tal, tan fresco, tan agradable al tacto... Resultaba de un color rojizo bastante llamativo, algo que me sorprendió bastante, sin duda, y terminó por hacerme entrar en razón. ¿Esto es césped rojo? Bien, estoy soñando.

 — ¿Vas a quedarte ahí tumbado todo el día o vas a explicarme qué te ha traído a mi jardín? — volvió a repetir esa misma voz. — ¿Quieres por lo menos mirarme cuando te hablo? — replicó.

Alcé la cabeza en busca de alguien y no vi a nadie. Escudriñé entre unos rosales con la mirada esperando ver a alguien escondido, y nada. Entonces fue cuando al voltear le ví. Un pato, era nada más y nada menos que un maldito pato. Un pato con una pequeña corona en la cabeza y una capa color carmín con bordados dorados sobre su lomo. Vale, esto es completamente ridículo. Me dije para mí. ¿Cómo he terminado soñando algo tan absurdo?

Quise tratar de pasarlo por alto, y empecé a pellizcarme para ver si salía del sueño. Pero eso solo consiguió poner de mal humor al aparentemente Rey Pato, que odiaba que sus preguntas no obtuvieran respuesta.

— Maldita sea,  ¿quiéres hacerme caso de una vez? Quiero que me digas quien te ha abierto la puerta a mis dominios. Hace más de una década que no recibo visitas. — dijo, mientras golpeaba  con una de sus patas el brazo sobre el que me apoyaba.

— Per... perdona. — dije con cierta inseguridad. — Creo que me he perdido en mi propio sueño. ¿Podrías ayudarme a despertar?

— Pues claro que te has perdido. Ya te he dicho que estás en mi jardín, sin mi permiso, sin invitación y sin ropa adecuada siquiera. Pero ¿un sueño? esto es tan real como mis plumas, hijo. No sé qué mosca te habrá picado, pero aléjate de mí. No vaya a ser contagioso.

Definitivamente, tuve que beber demasiado para terminar soñando con un pato parlanchín que además no hace más que ponerme de mal humor. Sin contestarle, me levanté, me sacudí, y me dispuse a ir a cualquier parte lejos de ese estúpido pato. Pero no di más de tres pasos cuando de repente el Rey Pato con su pequeña corona me embistió a la altura del gemelo.

— ¡No me has dicho cómo diantres has llegado a mis dominios! — dijo a gritos.

— Eres producto de mi imaginación, estoy soñando, ya te lo he dicho. Y si no me vas a ayudar a despertar, déjame en paz — le espeté con enfado.

— ¡Por mis plumas! Eso sí que es egocentrismo; apoderarse de la propiedad de estos dominios diciendo que no son más que un estúpido sueño. ¡Pues si vas a seguir siendo tan maleducado y no vas a contestar a mis preguntas lárgate y no vuelvas! — y con esas mismas, el Rey Pato se levantó en vuelo, agitó sus alas fuertemente y una ráfaga de viento me mandó volando hacia la verja del jardín.

El golpe me conmocionó lo suficiente como para que al despertar ya no estuviera en ese peculiar jardín, sino en mi habitación. No obstante, el dolor de cabeza era completamente real. Claro que este sería producto de la resaca. Nunca más volveré a mezclar alcoholes.

— Cariño, a levantarse que ya es tarde — dijo la voz cantarina de mi madre al otro lado de la puerta.

— ¡Sí, mamá!

Me revolví un poco entre las sábanas para desperezarme, pero un ligero picor me asaltó el costado. No era un picor normal, era como un ligero cosiquilleo proveniente de algún ticket en la ropa. Rápidamente me destapé para saber de dónde provenía la fuente del picor. Aparté las sábanas y entonces las vi.

Plumas.

martes, 21 de febrero de 2017

Frustración.

Aquí estoy de nuevo. Sentado frente al monitor viendo la hoja de word vacía...
Y mientras tanto, en el interior de esta inútil cabeza, solo hay un torrente de imagenes y sonidos sin sentido, sin patrón, sin forma. Sin color.

Hoy soy la hoja de word vacía. El reflejo de mis recuerdos que bailan entre mi pensamiento, como el borracho que baila solo en la calle un domingo a las 6 de la madrugada. Y es que a veces queremos decir un millón de cosas, y por la misma efusiva necesidad de expresarlas, estas forman un tapón en nuestras mentes, haciendonos parecer unos completos idiotas en algunas ocasiones, o simplemente se convierten en la causa de que hayamos perdido inútilmente el tiempo de toda una preciosa mañana.

Maldita sea, si llevo más de media escribiendo estas estúpidas líneas y sigo sintiendo que no he dicho nada.

...En fin...

La frustración es uno de los grandes enemigos del ser humano. Te impide avanzar, extrapolar tus pensamientos al mundo real, o al mismo papel. Te impide crear, descubrir, o simplemente mostrarte tal como eres en realidad. Lo veo en los ojos de a quienes quiero. Lo veo en los de aquel desconocido con quien crucé miradas en un ascensor, y en los ojos de los profesores que me enseñan. Pero sobretodo, lo veo la mayor parte del tiempo en los míos propios.

Y creo que es hora de dejar de torturarse. Todos y cada uno de nosotros, deberíamos tratar este demonio interior, siendo un poco menos duros, con nosotros mismos. No deberiamos acelerarnos para llegar los primeros al final del camino, si no ir paso por paso y disfrutar y aprender, todo lo que podamos del mismo. Porque sí, la vida es muy puta y todo lo que quieras. Pero en ella siguen existiendo cosas bellas, que no disfrutarás si sigues luchando contra tu propia mente.

Así que te encomiendo a ti, que me estás leyendo ahora mismo, que hoy o cualquier otro día, cuando salgas a la calle rumbo a donde sea que vayas, te desvíes un momento del camino, vayas a la playa por ejemplo, te quites los cascos y, simplemente, escuches el mar durante unos minutos.
Buenos días, y mucha suerte.


martes, 12 de julio de 2016

Paseos sonámbulo.

A veces, me cuesta recordar... Bueno, realmente me pasa siempre. Soy bastante olvidadizo, la verdad. Y es que siempre vagar en los rincones de mi mente no es muy bueno. Al fin y al cabo no es en nuestra imaginación donde vivimos, si no en el mundo real.

...Real...

¿Y si la de cosas reales que han pasado o suceden en este mismo instante, las pudieramos cambiar tan solo imaginando otras más bonitas, más sencillas?
Dejar atrás tanta complicación... que todo aquello que imaginamos pudiera materializarse, y si nos equivocamos, simplemente darle a un botón, y volver a empezar.
Si estás triste imaginar un campo de flores (por favor, sin avispas) y transportarte ahí mismo, libre de toda tormenta allá en tu mente, libre de todo el agobio, y la pesadumbre que te pueda producir el mundo real. Y si estás feliz ralentizar el tiempo, para que no se esfume ese momento demasiado rápido, y dejar en tu memoria un sitio V.I.P. a tal acontecimiento, para no olvidarlo jamás.

Desearía poder hacer la realidad algo más relativo. Desearía poder saltar al vacío sin miedo al aterrizaje, porque convertiría el suelo en un castillo hinchable, y mi yo en el de aquel entonces, con 6 años. Esa edad donde tu mayor preocupación es encontrar la forma de conquistar el mundo con tu ejercito de soldaditos verdes y tus pokemon's (vale, lo admito, quizá era un poco raro con 6 años).

Desearía convertir mi practicamente nula memoria en una biblioteca, donde pudiera escoger el recuerdo que quisiera, y revivirlo como si estuviera en ese mismo instante, tantas veces como pudiera. Desearía que el tiempo no nos pasase factura, para así vivir infinitas vidas y ser inmortal.
Pero claro, Tan obcecado está Cronos con ir solo hacia adelante que siempre lo termina jodiendo todo...

 Y es que volviendo al mundo real, al de este momento en el que estoy sentado frente al monitor, hay tantos "si no hubiera pasado esto", o "si no fuera por", que el paso del tiempo no deja de complicar las cosas. Haciendo más difuso mi futuro, más difícil mi presente, y en consecuencia, más alejada mi mente de lo que hasta ahora, llamamos Realidad.

miércoles, 6 de julio de 2016

Hay cosas que nunca cambian

Hace tiempo que me di cuenta que la vida pasa, que la vida cambia, que la vida avanza y que muchas veces pasan cosas que ni siquiera nosotros creíamos que llegarían a ocurrir. Hoy, doy gracias a esas personas que siguen a mi lado apoyándome, y aportando a mi vida un granito de arena. Sobre todo a esas personas que aunque las circunstancias y la vida las hayan alejado un poco de mi, aunque llevemos meses sin hablarnos, un día por casualidad se encuentran una foto tuya, y te hablan, sin necesidad de nada mas. La buena amistad es aquella que ni la distancia ni el tiempo puede con ella. Así que hoy, le doy las gracias a Jota, por seguir ahí después de todo el tiempo. Y decirle que le sigue queriendo, y que es un gran amigo para mi.

jueves, 30 de junio de 2016

Una noche sin luna

Era una noche sin luna. La calle estaba completamente oscura y silenciosa. Y así debía ser. Porque ningún alma que se aprecie debería presenciar lo que estaba a punto de pasar esa noche.

De un cruce aparecieron 3 individuos más o menos altos, muy alegres, muy charlatanes, llenos de soberbia, ebrios por su narcisismo. Se creían los amos de la calle... los mandamases de allá por donde iban... Inocentes ratitas... Hoy no era una noche para ellos. Hoy era una noche sin luna; sin piedad para aquellos que tomaron el brazo de quien les ofreció la mano. Aquellos que se mercieron siempre un castigo y nunca lo llegaron a recibir. Hoy pagarían por todo.

...
Hoy, la bestia salía de cacería.
...

Un hombre de complexión delgada, alto, y de largas piernas corría desplegando al aire el bajo de su gabardina, como un gato, silencioso, directo hacia su próxima presa. Su rostro estaba completamente cubierto por un pasamontañas y la capucha de su negro atuendo. Destacaban sus ojos. Lo único apreciable con el pasamontañas. Unos ojos sombríos, llenos de crueldad. Que reflejan un alma corrupta, poseída por el mismisimo belcebú. En su mano sostenía un báculo. Era su arma, con la cual se entreno solo para este preciso momento. No necesitaba más.

El hombre de gabardina de un salto arremetió contra el del medio de los tres. Este quedó completamente aturdido en el suelo, por el golpe en la cabeza. Los otros dos, tan vanidosos que eran antes, corrieron despavoridos dejando a su amigo tirado. Eso es lo que pasa cuando defraudas a la gente, amigo. Que te defraudan cuando más lo necesitas.

— Feliz cumpleaños! sucio parasito...

miércoles, 16 de septiembre de 2015

Un diminuto punto azul.

La luz recorre el vacío universo a una velocidad exacta de 299.792.458 m/s. La distancia desde nuestro sol al centro de la galaxia es de 27.000 años luz aproximadamente. Hemos descubierto la escritura hace menos de 5.000 años. Esto quiere decir que antes de que el ser humano montase por primera vez algo parecido a una civilización, nuestra galaxia pudo haber muerto. Y nosotros, actualmente, seguiríamos sin enterarnos. Porque aquellos puntos luminosos que vemos en el cielo nocturno, son simplemente la luz emitida hace miles de años, por las estrellas que pudieron haberse desvanecido ya.



Esta foto fue tomada por la sonda espacial Voyager a una distancia de 6 billones de kilómetros de la tierra. A unas 5 horas y 33 minutos / luz.


Eso somos nosotros. Eso, es nuestro hogar. Allí están quienes amamos, quienes conocemos, de quienes hemos oido hablar y quienes jamás sabremos de ellos. Ahí está la raza humana.


Cada mujer y hombre, cada niño, cada sueño, cada sentimiento de dolor, de alegría, de sufrimiento. De esperanza. Cada "superestrella", cada humilde anciano, inventores y destructores, pensadores, artistas, campesinos. Todos y cada uno de nosotros. La historia de nuestra especia vive y vivió allí.


En una mota de polvo suspendida en un haz de luz.



Estamos perdidos en un solitario rincón del espacio. Y algunos de nosotros incluso llegamos a creernos importantes, de alguna forma, para el universo. Pero la verdad es que todos, en nuestro conjunto, somos verdaderamente insignificantes. 

Exclamamos hacia los cielos nuestros anhelos, nuestras alegrías y nuestras penurias. Porque necesitamos que alguien nos escuche. Y cuando eso no funciona, y nos sentimos huecos, vacíos, carentes de un sentido trascendental que darle a nuestra existencia; es cuando miramos al cielo nocturno, y por fin, lo entendemos. 

Erramos al perseguir la grandeza. La fama. Creemos que eso dará sentido a nuestras fugaces vidas. Pero lo único que hace que tu existencia en este universo, haya merecido la pena, es recorrer tu propio camino. Libre de normas que acatar, de desconocidos a los que obedecer. Libre de ser uno más entre la masa. Y en tu libertad, vivir millones de historias en tu cabeza, provocar millones de sonrisas a tus seres queridos, y abrazar cada momento de tu presente como si en ello te fuera la vida. Porque en ello te irá.

Porque mañana, solo serás polvo enterrado en ese pequeñisimo punto perdido en la inmensidad del espacio.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Consejo con sentido.


Si permites a tu tacto nacer del corazón,
si miras al miedo guiñandole los ojos,
si los aromas del amor viven eternos en tu olfato,
si escuchas los versos libres de tu estómago,
si saboreas la pureza de no tener que demostrar nada,
si vives cada segundo con tus cinco sentidos..

Haces de tu bondad alerta, tu escudero. 
Del honor, solo una palabra. 
De la no bandera, tu bandera. 
De las derrotas, victorias. 
De la inconsciencia animal, tu confesor.

Si abres mucho los ojos cuando tengas que abrirlos, 
y los cierras muy fuerte cuando tengas que cerrarlos, 
todo pasará en un abrir y cerrar de ojos.
-Hovik
Resiliente

martes, 4 de agosto de 2015

Labios resecos de sediento.

[...]

Se que hay un lugar con espaldas sin nada marcado. Donde se reza por el vecino. Donde la igualdad tiene su iglesia. Donde la verdad es religión. Donde la honestidad es doctrina. Donde sueñas antes de nacer. Donde vuelves, porque nunca naciste. 
Se que hay un lugar donde no tengo porque ser yo por serlo sin quererlo, en fuegos que consumen medidas, en hogueras que solo dan luz. Donde sin respirar, duermes caliente. 
Se que hay un lugar donde las almas hacen corros alrededor de la misma ilusion. Donde la ilusión es una niña bonita en brazos de un único dios. Donde el viento lo puedes ver, donde la eternidad, tiene rostro.

Se que hay un lugar...

Donde estoy sentado al sol esperándome comiendo pipas, haciendo montones de cascaras, resecos ya los labios. Sonriendo. Solo para decirme a mi mismo:

- ¿Por qué has tardado tanto, grandullón? 

- ¿Por qué? ¿Por qué dices? Porque estaba dando vueltas de peonza, desgastada la punta de mis latires en una celda sin cerrojo ni rejas ni carcelero. Sin sentencia. Porque estaba perdido a la deriva en un mar en cólera seco de líquido. Seco de corales, de peces de colores en las mareas agrestes de mis pasos haciendo equilibrios en los desiertos de mi bosque encantado.

Aún no he llegado. Es mi sombra lo que ves. Yo aún tardaré un rato largo en llegar. Si los tropiezos que yo mismo invento, no logran de nuevo frenar mi ascenso. 

Así que guardame unas pipas, que llegaré con sed. Y no se le niegan pipas a un sediento.

-Hovik
Resiliente

miércoles, 28 de enero de 2015

Los senderos de nuestra vida.

El joven se acercó a su abuelo, con los ojos inundados y la cabeza baja. En susurros y sin dejar de mirar al suelo, de su boca solo salieron dos palabras que resonaron en su propio corazón como una mole de dos mil toneladas aplastando el techo de la caja de acero que se había fabricado el mismo en su mente. "Estoy perdido". Y solo hicieron falta esas dos simples palabras compuestas por apenas una docena de letras para que el abuelo de aquel chaval, quien vivió innumerables historias y salvó mil veces mil vidas -pues fue médico de guerra y luego voluntario en médicos sin fronteras- para comprender lo que le pasaba a su querido nieto.


-Pero hijo, ¿alguna vez hemos dejado de ir a la deriva? -dijo mientras miraba al cielo sin dejar de sonreír- Nacemos de forma fortuita, vivimos la vida sin saber que hacer, siendo condicionados por el azar hasta que la muerte nos llega de forma fortuita de nuevo. Pero entre todo ese caos. Hay personas, como lo son tus padres y como antes de ellos, lo fuimos tu abuela y yo, que conseguimos no encontrar un camino, si no labrar el nuestro. Quiero decir -dijo mientras se volteaba hacia su nieto- que a diferencia de lo que te digan en el colegio, o la mayoría de los mayores, no tienes por que ser abogado, director de una empresa u otro médico. Todas las personas son buenas en algo especial. Que hayas encontrado o no en qué sobresales tu, es otra cosa. Y se bien que cuando lo encuentres serás el mejor de todos en ello. No obstante, primero tendrás que demostrártelo a ti mismo. Encontrar que es lo que quieres hacer y sacar a la luz todo tu potencial. Y recuérdalo bien hijo, la diferencia estará en el orgullo.

miércoles, 7 de enero de 2015

Tiempo...

Quizá a llegado ese momento. El momento de dar un tiempo a lo que sea que tenemos, para ver en que se puede convertir. Las cosas necesitan  su espacio, y mientras este no se tenga, todo se acaba jodiendo siempre. Quizá no es la mejor solución, quizá me he precipitado, pero solo el tiempo lo dirá. El se encargará de poner cada cosa en su sitio, y si nosotros estamos destinados a estar juntos, acabaremos estando juntos. Pero todo se tiene que arreglar. Vamos poniendo parches a cada cosa que nos pasa, como si así quedase arreglado del todo, cuando luego todo acaba explotando. No necesitamos mas parches, necesitamos una historia nueva, con un nuevo comienzo, llena de maravillosas aventuras juntos. Solo espero que el tiempo nos de esa oportunidad.

lunes, 17 de noviembre de 2014

El grito de un alma.

¿Sabeis de estas personas, que viven de la manipulación, el engaño, la mentira y el control de las vidas ajenas antes que el de la suya propia?

Claro que lo sabeis, todo el mundo conoce a una o varias personas así. Incluso puede, que sin darte cuenta, tu alguna vez te hayas rebajado a ese tipo de calaña. Y es que es inevitable, por desgracia el ser humano es controlador,  es egoísta, cruel y despiadado. No se si por que así nos ha convertido con el paso del tiempo la sociedad, o porque estamos predeterminados a ser así a no ser que elijamos otro camino.

De todos modos, me entristeze muchísimo. Que toda esa escoria a la que no consideraría ni persona, resulte ser en la actualidad la viva esencia del ser humano.

Miro a mi alrededor y solo veo máscaras enégrecidas por el hollin de nuestros sollozos. Miradas perdidas en el más negro vacío y sonrisas consumidas en la falsedad. En el mundo de ahora, cada vez es más difícil encontrar algo puro, vivo y sincero. Pues vivimos en el más árido de los desiertos, y en la más fría y cruda estepa. Formando parte de ellos, como cactus solitarios, puntiagudos. Puede que rellenos de un suave jugo, pero con nuestras almas cubiertas por una tosca y dura capa de arena y ceniza.

Y en el punto más alejado del desierto, yace mi alma, que grita pidiendo socorro a las pocas gotas de lluvia que quedan en el universo. Para evitar que la ceniza cubra por completo este mundo. Para recordarnos, que quizá, aún haya esperanza.

sábado, 30 de agosto de 2014

El olvido.

Hasta ahora, nunca me habia parado a pensar cuál podría ser el verdadero temor del ser humano. Ese miedo, más allá de la fobia a las arañas, a las avispas o a la oscuridad. Ese miedo que, supongo que el hecho de que sea algo tan profundo, o de que haya sido pactado silenciosamente por todos, impide que se hable mucho de ello. Quiza debido a que no tenga solución, o que simplemente esté en nuestra naturaleza como seres humanos sentir temor por ello. Esa piedra afilada, oculta en el alma de cada uno de nosotros, llamada Olvido

Durante nuestras vidas, olvidamos todo tipo de cosas, como nombres, lugares, momentos o incluso motivos. Pero eso no es un olvido real, ya que si indagamos un poco en nuestras mentes, volvemos a recordar todo aquello. Entonces no podemos realmente hablar de ello como un olvido en sí, pues más bien, es un traspapelamiento de archivos en nuestras cabezas.

Entonces... ¿Cuándo estamos hablando de ese Olvido, en mayúsculas, que tanto teme el ser humano por igual?

Pues bien. Imagínense dentro de mucho tiempo, con unos 75 años tras una larga vida de duro trabajo y éxito. Has sacrificado mucho tiempo, pero por fin estás ahí, en la mecedora del jardín de tu casa, viendo a tus nietos jugando en la piscina. Pero tu cara no es de felicidad, si no de extrañeza. Porque tienes alzheimer, y estás empezando a olvidar por completo aquello cuanto viviste. La cara de tu hijo ahora se ve borrosa, y todos tus sacrificios para llegar hasta donde estás, dejan de tener sentido, pues ahora luchas por recordar que tienes que ir al baño. Pero por suerte, eso no es tan doloroso. Pues eres tu quien ha olvidado todo aquello, y por tanto, no puedes sentir verdadero pesar por ello. En cambio tus hijos, tus nietos, y todos los que te rodean, han perdido una pequeña parte de sus corazones. Pues como si de un tajazo con un afilado cuchillo sobre una hoja de papel fuera, han perdido un poco de la razón de su existencia.

Y es que en ultima instancia, es así, desde nuestro nacimiento buscamos vivir para ser recordados, para que tras nuestra muerte, alguien supiera que un día tu exististe, estuviste ahí y significaste algo para el universo, por minúsculo que fuera. Entonces si la necesidad de ser recordados es algo tan primario que pasamos por alto siempre, imagínense lo espeluznante que sería desaparecer de este mundo sin dejar una sola huella de tu presencia.

Quitarle a alguien el sentido a toda una vida... Es peor incluso que quitarle la vida misma. Y por tanto, el olvido, es la condena más terrible de todas. Y que ni la peor de las personas se merece.
Recuerden no olvidar.

domingo, 10 de agosto de 2014

Un mundo vacío.

"Permanecí ahí, bajo la luz del fuego, abrasado por el calor. La mancha de sangre en mi pecho era como el mapa de un continente nuevo y violento. Me sentí purificado. Sentí como este tenebroso planeta giraba bajo mis pies, y supe cuál es ese secreto que sólo los gatos conocen, ese que les hace gritar como bebés en la noche. Miré al cielo a través del intenso humo lleno de grasa humana y vi que Dios no se encontraba ahí. Vi esa oscuridad fría y vacía que se extiende hasta el infinito, vi que estamos solos.

Vivimos nuestras vidas, puesto que no tenemos nada mejor que hacer. Más adelante, ya les buscaremos un sentido. Venimos de la nada; Tenemos hijos, que se encuentran atados a este infierno al igual que nosotros, y volvemos a la nada. No hay nada más. La existencia es algo fortuito. No hay ningún patrón salvo el que imaginamos cuando nos quedamos mirando fijamente durante mucho tiempo. No tiene ningún sentido, salvo el que decidimos imponer. Este mundo que vaga a la deriva no está moldeado por vagas fuerzas metafísicas. No es Dios quien mata a los niños. Ni es el destino el que los despedaza, ni es la casualidad la que se los da de comer a los perros. Somos nosotros. Sólo nosotros.

Las calles hedían a fuego. El vacío respiraba con fuerza en mi corazón, convirtiendo sus ilusiones en hielo, haciéndolas añicos. Entonces renací, libre de garabatear mi propio diseño sobre el lienzo en blanco, en cuestiones morales, que es este mundo. Era Rorschach."

-Walter Kovacs, watchmen.

lunes, 7 de julio de 2014

Las goteras de nuestra vida · Hovik

Los niños negritos no comen, no, no comen, sus madres tienen los ojos sepultados en tumbas vivas, en cauces de ríos de lágrimas secas, con barrigas preñadas de muerte. Su esperanza de vida está por debajo de un año. Me cago en mi puta vida entonces.

¿Se trafica? sí.
Se trafica con armas, con drogas, con hombres, con mujeres, con niños, con vidas, con ideologías, con internet, con política, con poder, con sueños... Con meterte el miedo en el cuerpo.

Cada mañana, cada mañana me miro en el espejo y lo que veo no me gusta, y entonces, en vez de comerme mi propia mierda fresca, te jodo a ti,  te jodo a ti, te jodo a ti, y te jodo a ti. ¿Por qué?
Por que la culpa, la culpa siempre es de los demás, y la enfermedad se llama "vivamos la vida de los demás por que no tengo cojones ni sangre de vivir la mía".
Tengo goteras en mi casa, goteras en mi curro, goteras en mi corazón. De las goteras en mi cabeza os hablo otro día porque ahora quiero dormir, pues cuando duermo no pienso. No pensar.

Yo sólo quiero volver, amigos, yo sólo quiero volver a las entrañas de mi madre, a nadar sumergido, flotando en una paz infinita, en una duermevela blanca de un cuerpo y dos corazones abrazados por un cordón. Caliente, protegido, acurrucadito, indefenso pero invulnerable, yo sólo quiero volver al día en que mi madre me cantó mi primera nana, sólo quiero eso.

Yo solo quiero recuperar la esperanza.




Hovik

lunes, 30 de junio de 2014

La culpa..

Y es que a veces,pasamos de tenerlo todo y que todo vaya tan bien, que por una pequeña gilipollez puedes joderlo todo y quedarte sin nada. Y lo peor de todo llega después, con el arrepentimiento. Esa sensación de culpa que nadie te puede borrar por que ya no puedes volver atrás, y todo eso que habías construido poquito a poco, lo echaste a perder en cuestión de segundos, y ahora tienes que volver a construirlo sabiendo que será el doble de complicado...

sábado, 28 de junio de 2014

Tan pequeños y tan grandes a la vez...

Quisiera poder seguir teniendo esa ilusión de cuando era pequeña. Esa sonrisa que no se me borraba nunca. Quisiera no tener ni la mitad de preocupaciones que tengo ahora ,y que a medida que crezco van siendo mas y mas. Ojala pasen los días y tuviese esa ilusión que tienen los niños pequeños. Esa facilidad de hacerlo todo tan mágico e increíble.. De que parezca que todo tiene solución, o de que si no la tiene, no importa, ya habrá otro camino. Y es que cuando miro a los ojinos de un pequeñín, solo puedo pensar "ojala se quedase así para siempre, cuando crezca entenderá que era la mejor época de la vida". Que lo único que querías era salir a la calle todo el día a pasártelo en grande... Creo que no existe cosa que me haga más feliz que ver a un niño riendo.